miércoles, 15 de julio de 2009

Virtud de la Perseverancia

A lo largo de su vida Jesucristo vio cómo muchos lo seguian. Pero también observó cómo «muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él» éstos eran el grano de semilla que, sembrado en pedregales, brotó pronto prometedoramente, pero «cuando salió el sol se quemó» porque apenas tenía raíces .
La experiencia ha mostrado que una de las virtudes más difíciles de mantener es la perseverancia, La gran mayoría de las personas no solamente en el ambito espiritual sino también en sus vidas son capaces de auténticas proezas; pero carecemos de la energía suficiente para perseverar. Pongamos un ejemplo, somos como los que en unos juegos Olímpicos podemos ganar la prueba de los cuatrocientos metros, pero no una maratón; porque quedaríamos postrados a mitad de la carrera o renunciariamos antes de a acabarla y la abandonaríamos. Pero este defecto es inadmisible en la carrera espíritual en la que nosotros los Cristianos Católicos estamos, pues sólo «el que persevera hasta el fin será salvo».
Esta perseverancia, si nos atenemos al verbo original (Proskateréo) en el Nuevo Testamento significa no sólo continuidad, sino firmeza; es ocuparse de modo incansable en algo.Lo difícil no es comenzar algo en la vida, sino continuar con constancia hasta el final. «El que persevera hasta el fin será salvo» (Mt. 10, 22). ¿De qué sirve empezar y no terminar, como el que empezó a construir la torre y la dejó a medias?¿Qué vale una vida de fervor y santidad si no se persevera en ella?No debe tener en cuenta el Cristiano, decía San Jerónimo, sus comienzos, sino su término. Lo importante no es empezar sino acabar bien. cuando uno empieza algo se puede comenzar motivados por una alegría inicial, por un optimismo natural o por una ilusión momentánea, pero ante la primera tormenta se dan a conocer las bases del edificio, y dice en el evangelio para que lo tengamos en cuenta que «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios» (Lc 9, 62). San Bernardo escribe: «a los que empiezan se les promete el premio, pero no se da sino a los que terminan».
Esta virtud viene entonces de la virtud cardinal de la fortaleza y es la que inclina a permanecer en el ejercicio del bien, a pesar de las molestias que ocasione su prolongación. La perseverancia hace permanecer inmóvil e inquebrantable en la práctica de la virtud un día y otro día, sin desfallecer jamás. . Modera el temor a la fatiga o al desfallecimiento por la larga duración y proporciona fortaleza de ánimo. Como hábito sobrenatural es inseparable de la gracia de Dios; perdida la gracia, se pierde la perseverancia, juntamente con todas las demás virtudes. Nosotros nos vastamos solos para caer en pecado; pero no puede por sí mismo levantarse de él sin la ayuda de la gracia. Según esto, por el mismo hecho de caer en pecado, el hombre, en lo que de él depende, persevera en el pecado, si no es liberado por la gracia de Dios. En cambio, por el hecho de hacer el bien no se adquiere la perseverancia en el bien, porque de suyo el hombre puede pecar.
Hay que aclarar algo y es que cada uno de nosotros tenemos un enemigo, que se llama satanás, a él no le conviene que nosotros nos salvemos y por lo tanto es el primero en interferir en nuestra perseverancia, cuando se presenta una dificultad es el que nos mete la idea de abandonar, por ejemplo cuando hace frío nos mete la pereza, cuando estamos cansados pero debemos hacer algo nos insita a dormir y a dejar todo tirado, pero Cristo nos llama es a que tomemos nuestra cruz y le sigamos, a que no la despreciemos, sino que la carguemos con amor; Santa Teresa consideraba señal evidente de la calidad de la empresa, el desencadenamiento de las dificultades y tempestades, que siempre atribuía a la rabia del demonio. "Algo le atrae al demonio", decía, cuando surgían las dificultades.
Esta virtud es fundamental para adquirir las demás virtudes, porque quienes no la tienen se van a cansar en camino, antre la primera dificultad van a renunciar.Se oponen a la perseverancia y a la constancia, los vicios de la inconstancia, que desiste pronto de lo emprendido, y la pertinacia o terquedad, que se obstina en sostener lo que no es razonable. En este momento en el catolicismo el tema de la perseverancia es de mucha preocupación, pues son muchas las personas que estan alejandose de ella, o que sin llegar a renunciar viven una vida que no da frutos, tienen problemas, dudas, inquitudes o simplemente son indiferentes, por eso su testimonio deja mucho que desear, nosotros aquí estamos llamados a ser un ejemplo de los verdaderos Cristianos que seamos virtuosos, creyentes, constantes, perseverantes, y de esa forma podremos ir poco a poco cambiando la percepción que se tiene de nuestra religión. Hoy en día hay muchas corrientes filosoficas, de pensamiento, incluso algunas variaciones del mismo catolicismo que han ido ganando terreno, pero quienes conocemos la verdadera doctrina Católica, quienes alimentamos nuestra fe con el conocimiento de Dios, nos damos cuenta en los evangelios de la grandeza del Cristo como hijo de Dios a tal punto que las dudas quedan acalladas. Así lo experimentaron los discípulos que permanecieron junto a él cuando muchos otros le abandonaron. A la pregunta de Jesús, «¿Queréis iros vosotros también?» dan los discípulos una respuesta conmovedora: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» . Hagan lo que hagan otros, nosotros no dejaremos de andar en pos de ti. Eso es la perseverancia en la fe de Cristo.
El creyente también debe perseverar en la oración y mantenerse en comunión con Él, de esta forma seremos capaces de combatir al adversario que tenemos en contra de nuestra fe. Por eso Jesucristo resalto la necesidad de orar siempre y no desfallecer. Igualmente los escritos de los apostoles recalcan lo mismo. En el libro de los Hechos de los aposotoles leemos sobre los primeros Cristianos: sus miembros «perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones... Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casa, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.» Eso es lo que debemos recuperar, esa unidad y perseverancia de los Primeros.
Por último tengamos claro que nosotros no estamos en este mundo porque si, no estamos para mirar, no somos simples expectadores, sino que Dios nos envió para que realizaramos una tarea, una misión y si nosotros no la realizamos, NADIE MÁS la va a cumplir; San Pablo decia "Así que, hermanos mios, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor, sabiendo que cuanto trabajo en e Señor no es en vano". Tenemos cada uno de nosotros una vocación, tenemos un trabajo en el que nos desempeñamos, fuimos llamados a ser solteros, casados, otros serán sacerdotes o religiosas, pero todos tenemos la responsabilidad de hacer las cosas bien echas, hacerlas por Dios, vivir la caridad, el amor con el projimo, cumplir con los mandamientos de Dios, y en todo esto debemos perseverar.
Porque la palabra final de esto la tiene el mismo Cristo cuando nos decia "Se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida"

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